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El chicle mas efectivo del mundo

La talentosa Victoria Hertel asume el compromiso de ser modelo publicitaria en la nueva campaña de Topline,“Arroba”, y esto sucede:

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10 años sin Rodrigo, “El Potro”

*Por Victoria Hertel

Esta semana, el 24 de Junio, se cumple un nuevo aniversario del accidente. Esta vez, la década.

Puede gustar o no; él mismo o su música pueden parecer una soberana mierda, una gronchada sin glam o un simplismo tan llano como un cantito de cancha. También puede pensarse como un fenómeno construido, una estrella fugaz cuya luz encendida con los mecanismos mediáticos se apagó abruptamente y antes de tiempo. No hubo antes de tiempo, no lo hubo. Los ciclos se cumplen.  Rodrigo vino, dejó su marca y se fue.

Rodrigo Alejandro Bueno, ese cordobés promedial bien de barrio, de familia de canillitas, se fue a campo ‘enemigo’, usó sus propias armas -la música cordobesa- y triunfó. Nadie había logrado que miles de porteños cantaran a los gritos “soy cordobés…”. Digo, no hablo ni siquiera de un artista supraexcelso, exquisiteces musicales o high performance. Hablo de un ser ‘común’ que tomó con orgullo su identidad y logró que miles de seres, de identidad distinta, dejen a un costado la eterna fricción competitiva y les palpitara el corazón a un ritmo prestado y con adrenalina de barrabravas lo defendieran a morir. Más allá de las cuestiones anecdóticas, leamos entre líneas, señores. Rodrigo hizo lo que nadie había logrado, y con una contundencia  innegable. No estamos hablando de un superhéroe o un ser almighty. La fama es puro cuento. Estamos hablando de un ser de carne y hueso, con un B-side bien heavy, pero con un ángel de puta madre. Brillo especial, energía vibrante, desfachatez, caradurismo extremo, sex appeal y sobre todo picardía, alegría y un toque de ‘eso’  que nos pasa a todos.

Muchas veces al exitoso se le pega. Y a Rodrigo, desde Córdoba, muchas veces se le pegó. Porque sí, porque fue exitoso, por ‘porteñizarse’. Hubo cierto reproche de traición por parte de los cordobeses. No tuvo el apoyo incondicional de su gente… Cliché o no cliché, no fue profeta en su tierra.

En resumen, no fue un músico sublime. Sus piezas no tienen la excelsitud de la lírica de Schiller ni las armonías de un Beethoven sordo pero certero. Pero Rodrigo, el Potro, vino descaradamente y agarró los corazones de muchos de nosotros con la mano de la simplicidad, y se los llevó con él. Muchos lo hemos amado, y lo seguiremos amando, esa es también otra verdad.

A tu salud, Rodrigo, donde estés.

Retrato del músico realizado por la autora

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Cómo no nos va a gustar el 7…

*Por Victoria Hertel

Chicuelas y por qué no chicuelos, no hay mucho para agregar a los innúmeros comentarios sobre el portugués Cristiano Ronaldo. Su figura habla por sí sola, su presencia mediática también. Más ahora, en la fiebre mundialista que se respira here, there and everywhere. O sea, en todos lados, desde que abrís la puerta para salir a la calle hasta que abrís la de la alacena de tu casa.

Lo cierto es que este muchachito clase 85 se abrió una cuenta en Twitter, red social on fire si las hay, en el día de la fecha… sumando casi 38 mil followers/seguidores. Sí, en el día, en el acto y sin garantes. ¿Qué tal?

Ah, para los que no saben quién es este… ehém… esteeee… niño de 25 añitos, acá les dejo algunas fotinis… Enjoy. O sufran, qué se yo. Sí, si fuera Moria les diría que si quieren shorar, shoren. Pero eso sí, no jodan a Magoya. Chau.

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Cielo y estrellas “made in Córdoba”

¿Ven? La tecnología da para muchas cosas…

Al momento de hacer un viaje, yo sabía que antes de partir tenía que manotear una lapicera y papel porque los iba a necesitar… (esas intuiciones que uno tiene…). Y tal cual, los necesité, y por supuesto no los tenía. Pero para eso estaba mi BB a mano… y en esa alta inspiración, lo más mundano como un fono high-tech me ayudó a la perpetuidad de lo indefinible. Esto es lo que alcancé a anotar mientras miraba inundada de recuerdos de la infancia mi cielo cordobés, uno de los más bellos, dicen. Me sonrojo, pero ahí va:

Extasiarme de cielo y estrellas… nadar en tus luces, juego de sombras tan bellas. Nadar en el cielo y volar en mar abierto, las manos de amor repletas, henchido el pecho de unión fraterna. Palpar incandescente todas y cada una de tus maneras. Brillante profundidad, alternante marea. Soplo de viento, sueño de libertad corriendo en las venas.Tumbarme en el suelo, y en la estrellada bóveda perder la mirada atiborrada de divinos anhelos. Dejar el cuerpo, y subir… hacer junto a vos la prometida estrella. Acción de gracias, acción de inigualable nobleza. Razones de ser, y humana torpeza. Ser al fin un cielo, ser estrellas, ser de lejos vibrante planeta.

La foto que acompaña no es justamente un cielo estrellado, pero es cordobés. Y la tomé un atardecer de extrema felicidad. En esa época, mi corazón brillaba más fuerte que este sol. Ojalá todos nosotros podamos brillar así algún día…

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La insociabilidad de las redes sociales – Un ¿análisis? de la situación

* Por Victoria Hertel (@VicHertel)

¿Cuánto se ha hablado – o escrito, pongo por caso – del tema ya? Dirán, “ufff, otra pesada más con el cuento de la Buena Pipa”. Ok, si. Y no sólo pesada sino que, además, delirante. Victoria Hertel, mucho gusto.

…Veo que tenés valor, caro lector, puesto que seguís leyendo estas líneas…

Podemos decir del tema mucho, mucho. Por ejemplo, podríamos entrar en una “melancolinización” haciendo apología de tiempos pretéritos,  cuando no teníamos más que los autitos para jugar (si, yo jugaba a los autitos en vez de a las muñecas… ¿y?), los autitos, digo, las escondidas, exploradores, el piedra libre, los playmóvil, el Estanciero, el mazo infaltable de cartas… bla, bla, bla. La realidad es que no me imagino cómo hubiera sido mi infancia con la tecnología de ahora. Y me alegro de no saberlo, y de haberla vivido como la viví. Punto.

También podemos hablar de que las redes y avances tecnológicos han cambiado revolucionariamente el paradigma de las relaciones, a todo nivel: personal, profesional… Ése es uno de los puntos que más me asombra y maravilla: no se a ustedes, pero a mi me han facilitado muchísimo las cosas, también a todo nivel.

Peeero… hay otra cara de este fenómeno, tan complejo, por cierto: Además de lo anterior, ¿en qué otro punto se basa tanto éxito? Quizás es que nos hace sentir menos solos, sentimos que hablamos con alguien, que estamos conectados. ¿No será que tenemos miedo de escuchar nuestra propia voz interior, de quedarnos solos con nosotros mismos? ¿No será que nos da vértigo mirar a los ojos a la persona que tenemos al frente, hacernos cargo de ese momento terrorífico que significa el ahora? Qué terrible idea ésa… El ahora es lo único que realmente tengo.

“¡Chau, loco! ¿Y lo que pasó, lo que fue? ¡¿¿No existe más??!” Me auto-pregunto. “Sí, existe, Vi…”. Y recuerdo que, paradójicamente, el pasado es, hoy,  tanto más nítido a nivel vivencial cuanto más presente estuve en ese presente (valga la redundancia) que ahora es pasado. O sea que mientras más esté en mi presente, mejor calidad de pasado será mañana… ¿Te mareaste? Yo sí. Lo cierto es que estamos en un lugar, rodeados de gente, pero solemos estar ausentes, no conectamos con ellos, sino con lo que se ha convertido en nuestra extensión, el diabólico aparatejo que “nos conecta con el mundo”. Digamos que tuiter, por ejemplo, ayuda a solucionar ciertos “temitas” comunicacionales de algunos… como los míos, claro. Pero para que no se haga tan largo este texto y se desvíe tu atención, este tópico será tratado más exhaustivamente en otro apartado. Futuro, sí… pero no desesperéis. Con el presente, basta y sobra.

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A long way back home…

*Por Victoria Hertel (@VicHertel)

Llegó el momento de volver a casa.  A diferencia de otras épocas, en ésta se viene repitiendo una mecánica especial: supuestamente ese momento sublime del volver, de la sensación del deber cumplido, de haber sido útil, de haber crecido, de haber hecho “algo por la vida” mezclada a la desesperación por sacarme los zapatos, ese momento sublime, digo, se ha transformado -espero momentáneamente- en un caer en la cuenta de ciertas cosas, en un reencuentro un tanto crudo con otro aspecto (bueno, el tema con los zapatos es un impulso siempre presente, lo reconozco!).

Me encuentran las bohemias calles de Buenos Aires con sus luces un tanto difusas de una noche típicamente hermosa de otoño; yo respiro hondo ese olorcito característico de noches como ésta. Respiro hondo, me lleno los pulmoncitos de ese mimo que me da el mundo… sigo caminando, miro a mi alrededor, me doy cuenta que te pienso, y sonrío, no sé por qué. De a poco me empiezo a perder en la melancolía, y de pronto puedo poner en palabras eso que quema mi pecho: está ahí, es como un persistente dolor de muelas que me dice a todas voces que no he dejado de quererte, que vuelvo a casa y tu beso no me recibirá, que esos días tan felices sólo dentro mío y sólo en el pasado quedarán.

El estímulo interno en que se ha convertido este brote de extrañitis surge de repente, me agarra casi desprevenida, diría yo, siempre que va terminando la jornada, cuando mis “deberes de buena ciudadana” están cubiertos por hoy, cuando caigo en la cuenta de que pasó el día, pero que de alguna manera me faltó vivir una parte. Me inunda un torrente de recuerdos, imágenes mezcladas a sensaciones. Mientras camino por la calle alguien pasa, alguien que por algún guiño del destino usa tu mismísimo perfume,  y ese torrente se intensifica en emoción. Y duele. Y casi se me escapan del cuerpo las ganas de abrazarte, casi me lleva el cuerpo, tanto que casi corro el riesgo de abrazarme al primer ser mínimamente conocido que se me cruce en ese instante.

Mientras, sigo acortando las distancias que me separan de mi “bunker”, para mí,  en el mundo el rincón más preciado: mi casa. Es mi refugio, mi cobijo, mi estudio, mi cascarón y mi “boxes” obligado. Mientras, me doy cuenta de que voy ausente y ensimismada, ausente de este mundo a medias, a medias viviendo ese momento y a medias viviendo en el recuerdo de lo que viví en un pasado que fue hermoso.

Al fin llega la hora de poner la llave en la cerradura y hacerla girar… Wake up! La travesía llegó a su fin… pero empieza otra: llegué a casa.

(Continuará)

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La estructura de los sueños

*Escrito por Victoria Hertel, el 2 de abril de 2010

Una noche, antes de dormir, una voz de otro mundo me sopló esto, y yo sólo ordené las letras. Me permití delirarme como nunca, en realidad. Ahí va:

Polvo de estrellas, alas batir… ¿De qué se compone ese mundo inasible, y tantas veces febril?
Oh, el mundo en sueños, los sueños en su mundo… Reminiscencia de vientre materno, mágico elixir, sabia ardiente que va nutriendo al ser en su eterno devenir.
Polvo de estrellas, divino existir. ¿Dónde será que habitan las almas al tiempo de dormir? Oh, material onírico regido por supralógica, esa lógica de luz y oscuridad que despega los pies de la tierra, que tiene alas y no amedrenta ni aquí ni allá ninguna frontera.
La estructura de los sueños tiene todas las propiedades de la luz y el color, los valores también, y por qué no el sabor. Dulce y rosado, blanco brillante y azules apagados. Carmín, por qué no, carmín y dorado. Todos, dulces mezclados al salado, algunos con una pizca de pedagógico amargo.
Ahhh… la estructura de los sueños. ¿En qué sublime matriz se ha tejido tan sublime entramado? El sueño también es la matriz del hoy, del futuro y del pasado. En él nos desplazamos, nos movemos, jugueteamos. Vamos y venimos, jugando nuestros juegos humanos. Dormimos, y soñamos. Despertamos, y seguimos soñando, hipnotizados.
¿De qué noble material está entrelazado tan noble entramado?
Polvo de estrellas, querer subir. Mentiras, verdades, voces y goces, roces y rencores, amores en alta voz y secretas pasiones; pasiones en alta voz y secretos amores.
Todo en sueños. Todo, en su mutabilidad, termina siendo eterno. ¿De qué se componen, entonces, los sueños? Material cósmico, éter y el viento. Aquél beso, melodías y algún desencuentro. ¿¿De qué se componían lo sueños??
Soledades encontradas, compañías olvidadas, la rosa, un libro y tu canción. Bálsamo es la caricia de una piel enamorada, bálsamo es el beso en la frente, el arrullo de tu Dios aunque seas negligente.
Polvo de estrellas… Ser y Sentir. Remontar alto vuelo a cielo abierto, nadar como nadan los peces en el vasto océano. Correr por las praderas, poder bailar. Escuchar el eco de tu propia voz enamorada en otra garganta, eso es una felicidad. Desafiar al sol de frente, cara a cara, al despertar.
Un chegusán de milanga, y por qué no un choripán. Intelectualidades de bruto, y un tímido “Maestro, aún no sé volar”. La mano amante de tu ángel guardián trayendo vida, cosechas de trigo, vino añejo y recién horneado pan.
La estructura de los sueños es, entre otras cosas, mucho amor para dar. De larva en mariposa poder trocar… La estructura de los sueños es algo imposible de comunicar. Una frase silente, hielo ardiente deslizándose por yo qué se cuáles superficies sensitivas del ser. Arrumaco de una tarde lluviosa de noviembre; rocosa saliente. La estructura de los sueños es algo, amigo, que yo no le puedo contar. Véalo usted mismo, mire de frente a su vida, y no diga nunca jamás.
Polvo de estrellas… ¡Alas al fin! ¿De qué se compone ese mundo inasible, ése, que me dio vida a mí?

Vick

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