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David, el único protagonista

*George Blanco

Por su peso propio, por su temple y sobre todo por su jerarquía. Porque ayer ganó en Washington comiéndose la cancha (si, con Baghdatis incluido), en una semana que recordará por haber sido la de su vuelta en gran forma después de la intervención quirúrgica. Una vuelta que en algún momento fue puesta en duda por periodistas, tenistas y opinólogos de turno, pero que en la practica solo fue parte del anecdotario. Bueno si, todavía hay quienes piensan que David Nalbandian no nació para el tenis, que lo suyo es el Rally, las sierras, que lo suyo es “vivir la vida”. Claro, como si después del tenis no hubiera vida, como si después de un ATP Master Series o de un Grand Slam las obligaciones fueran distintas. Y es cuando los pregoneros de los manuales de estilo del deporte (¿existen? ¿quien los escribió?) salen a decir como se tienen que hacer las cosas. Bueno, Nalbandian derriba una vez mas (muchachos, ¿cuantas veces mas hacen falta?) aquel mito, ratificando a la vez que cuando quiere puede estar en la cima del tenis mundial, ahí donde están los chicos que hacen rutina física 8 días a la semana y pelotean 26 horas por día. Esta todo bien con ellos, pero a David no le hace falta. Es un detalle, nada mas.

El gordo o el flaco, el trasnochador o el que viaja con una valija vacia a jugar la Davis lesionado, es un ejemplo de la mundano de este deporte que parece haberse vuelto un relojito suizo con nombre y apellido. Vilas jugaba al tenis y comía asados en San Francisco con el papa de Lars Ulrich y era cool. David vuelve a Unquillo, se junta con el Pato Cabrera a comer un asado y tomar vino y es un hijo de puta. ¿Hay algo que estamos haciendo mal?

Volviendo al párrafo anterior (sepan disculpar), David Nalbandian se sube al tren cuando el quiere y no cuando nosotros queremos. David no es mas que otro claro ejemplo de que los argentinos necesitamos una alegría deportiva casi como si necesitáramos hacer el amor. Se ha vuelto una cuestión esencial y cuando, por caso, un tenista pierde un partido en primera ronda de Wimbledon contra el 160º del mundo lo puteamos hasta morir y pasa a ser el villano de la película. Al mes gana un ATP y es Dios con revés a dos manos. Así, en esa vorágine nos movemos y lo peor es que hacemos responsable a otras personas, en este caso deportistas, de nuestra ansiedad. El triunfo o las derrota es de ellos y tenemos la posibilidad de analizar, de alegrarnos o entristecernos, de ser testigos de la magia (quien ve a David jugar desde hace mucho sabe de que hablo), pero no de juzgar. No de convertirnos en jueces que dictaminan como debe ser la vida de un tenista fuera de los courts. El tiempo pasa, los libros se imprimen, en iPads o en papeles, y queda registrado el 07 de agosto de 2010, como el día en que el, David Nalbandian arrasó en Washington y volvió al primer plano mundial. Nada mas y nada menos que eso.

  • El resultado, por si hace falta ponerlo, fue de 6-2 y 7-6
  • Así llegó David
  • Lo que le queda: Toronto, un nuevo Masters 1000 que empezará a jugar el lunes en primera ronda, donde se enfrentará con el décimo preclasificado, el español David Ferrer.
  • David había dicho que su meta era finalizar 2010 en el top 30. Ya está 45º.
  • Nalbandian se llevó 281.500 dolares por su victoria en Washington, torneo disputado sobre superficie dura y que sirve de preparación para el último grande del año, que comenzará en Flushing Meadows en tres semanas: el U.S Open.

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