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¿Que nombre le cabe a esta leyenda?

Estoy cansado. No hace mucho que llegue a casa después de un largo día, que incluyo, entre otras cosas, escribir varios artículos para este sitio. Resulta que no puedo parecer indiferente ante esto que acaba de suceder hace instantes. No puedo ni quiero. Pero, ¿Como hago? ¿Hay palabras? ¿Alcanzan las descripciones? ¿Que titulo le pongo? Preguntas, incomodas, sin respuesta visible. Llego a la conclusión de que no, de que no puedo hacer oídos sordos a lo que paso con vos, Martín.

No puedo hacerme el boludo, si hace un rato nomas grite con desahogo tu gol 219, la marca que te serviría para superar a Cherro como máximo goleador de Boca. Como si hiciera falta, una marca de mierda, un numero, un partido, un gol, para demostrar lo que le diste, le das, y le darás eternamente a Boca. En parte, esas fantasías disfrazadas de estadísticas las inventamos nosotros, los periodistas. Pero no hermano, no hacen falta, vendemos humo, creeme, hay muchos a los que les encanta vender humo.

Capricho o no llego ese tan ansiado gol. Para mi fue uno mas. Como tambien lo fue el 220. Digo, mire a mi papa y a mis hermanos con una sonrisa, y para mis adentros pensé cuanto amo a Boca, cuanto me hace feliz, cuanto me haces feliz. Despues viene esto, perdoname. Las guirnaldas, los foros y sitios a reventar de gente felicitándote por tus goles, vuelve la discusión sobre si renovarte o no, que vos o Román, o que: ¿Diego te llevara a Sudafrica? y muchas cosas mas, vos sabes. Perdonanos, no sabemos lo que hacemos.

Soy injusto y tribunero, esto lo tendría que haber escrito antes. Ultimamente hago mucha autocritica, me reprocho bastante. Me sirve para la próxima, ¿No? Como te sirvió a vos, cuando no la metías y el Virrey te dijo que te pararas en el primer palo y cambiaras la trayectoria del balón con la cabeza. ¡Que cabeceador resultaste ser! Atrás quedaron la rotura de ligamento en el fatal partido contra el sabalero, aquella noche del penal, o cuando se te cayo el muro del estadio por ir a festejar un gol con los hinchas del Villareal. Y los momentos lindos, no me alcanzan para contarlos. Los goles a River, incluido el tercero, el de tu vuelta, por los cuartos de la Copa, o aquel de cabeza bajo la lluvia en el Monumental. Y tantos otros… El gol al Rojo de media-cancha, con Ustari metiéndose al arco con pelota y todo; tus goles de chilena, de derecha, de zurda, con la rodilla, acostado, parado, de culo, con lo que venga. Con lo que venga, si. Ese mas reciente en el tiempo, cuando Montoya “despejo el peligro”, recto, a media altura, y ahí estabas, loco. Ahí estabas, cabeza al frente, visión al máximo, un calculo milimétrico, pusiste el testazo para impulsar el balón al arco. Montoya volvía, Velez estaba todo arriba. Allá, en la tercera bandeja vieron como se les colaba. Toda la Bombonera se arrodillo a tus pies. Lagrimas, Martín. Después, para que todos puedan experimentar la pasión de tu entrega, le regalaste a tu país una alegría -y la clasificación- frente a Perú, en un gol épico, bajo la lluvia, con sesenta mil almas de testigo. La pasión de ese héroe recibido hace rato, al que inmerecidamente le llego el reconocimiento tarde. Eso también te hicimos, Loco.

Y resulta que ya no puedo seguir. Perdoname, tenia que cumplir. Te pido disculpas por haber resultado un oportunista, un injusto. Pero es que sos tan grande, que me cuesta verte. Estrellas en un cielo que siempre puede verse cuando las tormentas se disipan. O cuando el sol sale. Vos, sos mas grande. Mas grande que los 219, mas grande que los 220 o que los 156154151, carajo, vos sos mas grande que todos esos números de mierda. Pero hoy, ya nadie puede discutirte. Ya nadie puede hacer oídos sordos a la leyenda. Martin Palermo.

George Blanco


Imágenes: AFP/Telam

Especial Multimedia: Canchallena.com

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El camino del amor eterno

Cuanto de ese chico lleno de sueños hay hoy en vos. Cuanto alarde interior al gritar esos goles propios y ajenos. Dicen que sos difícil, yo lo se. Dicen que tu manera de jugar a la pelota es complicada, enredada, y para peor, hay bóludos que dicen que no corres, que caminas dentro de la cancha. Los bóludos tienen razón, caminas porque esta vida te enseñó a esperar, a no ser ansioso, a caminar a su lado. Y la observas, te encariñas, no la queres soltar, la amas, huís, queres escapar… Afuera no entienden de amores a primera vista, perdonalos, ellos no saben lo que hacen. Afuera los miedos sucumben ante esa calma que solo entregan los sabios. Ya no hay luces, ni bombos y platillos, solo hay verde, horizonte, el amor querido, el amor… Esta mas cerca de lo que imaginas, tu sueño es el de la vieja, el de los pibes, el del barrio. Aquellos que tuvimos la suerte de verte “caminar” por una cancha sabemos de ese sueño. Algunos supimos entenderte. Hoy aquellos que quieren empezar a andar por la vida se deslumbran sin quererlo con tu música dentro de la cancha. El acorde de ese templo es el mejor lugar, y nos dormimos, soñamos, salir a caminar de la mano del amor de nuestras vidas…

George Blanco

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