El fenómeno que se convierte en…¿locura?

*George Blanco

A estas alturas ya es sabido que Twitter es el fenómeno comunicacional del momento. Respecto a eso, fue Cristina Perez (Telefe) quien escribió al respecto. Pero la idea de que el pajarito se convierta en el único capaz de conectar mundos y vidas a través de 140 caracteres e incluso pueda multiplicar la existencia de esas vidas en “otras” (sí, la vida 2.0), ha tomado rumbos insospechados.

Dos ejemplos de los últimos tiempos que demuestran, por un lado la adicción en los usuarios y por el otro la creación de productos que inherentes a la necesidad del hombre, en este caso de tuitear. El primero, el Aj Fiesta 2011, un auto revolucionario pero no desde su fisonomía (es apenas una evolución del clásico Fiesta), sino desde el concepto que presenta y que ya es furor: el auto que tuitea. Ahí, en el timeline público “escribe” cuáles son sus sensaciones (“estoy tranquilo, no tengo prisa por hacer los próximos 70 km”) y estados de conducir. Un navegador automático y programado,  capacidad tecnológica mediante, pone en 140 caracteres todo lo que le ocurre. Aunque claro, sería una terrible boludes si no tuviera segunda parte. El experimento está pensado para que los usuarios puedan tuitear exclusivamente desde el dispositivo del automóvil sin mayor esfuerzo, como si el iPhone o el BlackBerry generaran un desgaste. Las ideas se vuelven cercanas a la obsesión, aunque puede que la necesidad constante de abrir la red aunque sea para ver como corren las cosas que escriben en tu timeline sea tal, o bien que este en plena formación a partir de cosas como la generada en este caso por Ford.

Es decír, ¿se ven tuiteando desde el auto? Parece un cuento posible. Por el momento aquellas necesidades de las que hablamos anteriormente, se ven reflejadas en todos los niveles. Desde el usuario que está tranquilo en su casa, con amigos o tomando un café y “necesita” postear, hasta el canciller Hector Timerman, generosamente apodado por Dario Gallo, de Perfil, como “Twitterman”. Ok, lo llamemos así. Twitterman no discrimina momentos para tuitear y exponer su postura respecto al reciente enfrentamiento con el periodista Leuco, para intercambiar ideas con sus “amigos” o para monitorear las actividades 2.0 del ejercito K. Lo usa todo el tiempo e incluso en su bio sugiere que “quien quiera comunicarse conmigo les pido que lo hagan por Twitter”. Y el es solo un ejemplo.

Timerman es solo uno de los tantos que no pueden dejar el pajarito ni un momento. Algunos lo hacen por una cuestión comunicacional, otros por camaradería, o por el simple hecho de contarle a sus contactos “que es lo que hace o piensa en ese momento”, mientras que estan los que lo hacen por el simple hecho de que la distracción y la quietud puede ser un vicio peligroso pero placentero. Habrá que ver como el mercado afronta estas inquietudes, aunque en todo caso quien tiene la oportunidad de convertir a Twitter en el invento comunicacional mas revolucionario de los últimos cincuenta años, es el hombre. El hombre con sus usos, siempre y cuando sus fines sean con ese objetivo: el de la palabra. Mas allá de todo, la adicción está instalada y si no se puede erradicar, habrá que controlarla, en el limite mas cercano a la locura.

Foto Hector Timerman: Perfil.com

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