A pesar del dolor, hoy elijo volver a creer

George Blanco

Voy a tratar de escribir. Aunque les aviso que se me hace muy difícil, lo era antes y lo es mas ahora. Pero en esto de adaptarnos y agachar la cabeza en los momentos duros, es la forma mas honesta que encontré, aun despojandome de mi línea periodística. Y es dificil porque me invade la tristeza y me golpea la desilusión. Pero poco puedo hacer a la hora de construir análisis espontáneos y apresurados. Trabajo tendran los fríos calculistas que se encargan de eso cuando suena el pitazo final. No soy competente y mis análisis se sucederán a medida que pasen los días, hoy ni puedo. Hoy hablo de lo que senti, y perdonen por tanta pasion, espero que sepan disculparme.

Cuando quienes practican las tácticas me cuentan de sus seguridades, no puedo mas que envidiarlos sanamente. Y mas aun cuando son aquellos jueces de ocasión los que juzgan con la que, para ellos, es la varita correcta. La justicia, me enseñaron, es parte del pueblo. Y hoy yo no se que pensar, si tengo justicia porque un conjunto de personas me devolvió la ilusión o si en cambio, me negaron la posibilidad de volver a estar en una semifinal después de 20 años. ¿Que pensará el resto? Y aqui les pido disulpas por segunda vez: creo en la primera opción y me hago cargo de estas lagrimas.

Y me tildaran de iluso, quienes no se atrevan a soñar. Mientras quienes pregonan la razón como medida del equilibrio reirán en mi cara, subestimando lo que siento, como si acaso fuera una cuestión aparte. Y quiero que sepan que si es así, no lo puedo cambiar y es una consecuencia de creer en algo que durante un mes se convirtió en una razón de ser. Por respeto, sería irresponsable tocar una herida que tiene horas de sangrado.

Y Otamendi hoy no anduvo en la función que le atribuyeron, Messi no tuvo socio y Di Maria no tuvo precisión en el ultimo toque, entre otras fallas del partido. ¿Que hubiese pasado si se mantenía a Veron en los once que comenzaron? ¿O si se le daba una chance a Pastore? Y habrá mil preguntas mas. Lo concreto es que perdimos con un gran equipo, señores. Yo pensé que se podía revertir, pero fue tarde. Y debo estarles eternamente agradecidos, muchachos, porque dejaron todo. Desde el 12 de junio me entregue a esta ilusión que se resguardo en el inconsciente, pidiendo permiso por salir y sabiendo de sus virtudes y desventajas. Oportunistas que se vean en la obligación de cumplir con sus metas para llegar al premio quizás estén capacitados para remarcar en su justa medida lo bueno y lo malo, pero yo me guío por lo que vi en la cancha: once tipos con hambre de gloria que lucharon hasta el final. Por otro lado, seriamos necios si en adelante no ajustáramos lo que hasta acá logramos y nos animáramos a cambiar ciertas cuestiones, a plantear revoluciones internas que a la vez estén acompañadas de una evolución. Desde dirigentes (el primer gran eslabón) hasta jugadores. Se vienen procesos de maduración en múltiples aspectos y esperemos que de esto, también se aprenda. No es el objeto de estos párrafos empezar a análizar esos puntos. Ya habrá tiempo para hacerlo.

Soy consecuente con el camino que elegí y escribo esto desde ese lugar. Aquel que me cautivo y no con un sistema o una escuela de pensamiento, sino con sentimientos. Ayer elegí, hoy pago. Y en todo caso prefiero ser víctima de aquella decisión que bien se pudo haber concretado -por si hay resultadistas leyendo esto- pero que finalmente no pudo ser. Creí en una etapa de superación de obstáculos que de antemano presentaba características que se animaron a catalogar como “irreversibles”.

En estos párrafos no debo manchar eso que tengo hoy que se llama honor, me recuerdo. Porque me sentí parte de una lucha, con lo que implica ese sentido de pertenencia. A veces, nosotros los seres humanos caminamos sin pertenecer a ningún lado. Quizás así se llega a viejos y hasta se tiene servida una copa del mundo, para emparentarlo con el tema. Pero pocas veces se pertenece.

Vos, Diego, hiciste de esto algo especial. Lograste en mi que vuelva a amar a una camiseta con fervor, que cante y que te acompañe en cada paso. Les enseñaste a esos muchachos que se podía, que aquello que para muchos era una utopia hace dos meses, hoy estuviera cerca de hacerse realidad. Y no pudiste, y la culpa es tuya. Y nuestra y de todos, por oficiar de cómplices de algo que debió ajustarse en otros tiempos. Pero vos la sabes llevar, lo has hecho siempre como también has logrado cosas que solo logran los inmortales. Pero vuelvo a lo primero, y es que hiciste que vuelva a soñar y que lo sienta propio, incluso en un momento de mi vida donde me enfrento a riesgos y emociones profundas, vos me dijiste que se podía.

Y necesito decir todo lo que siento hacia ese mito que en mi vida tomo forma de héroe de película cuando inocentemente me detuve en su historia. Cuando me contaron que ganaste un mundial solo, cuando me mostraron cada una de tus proezas en los clubes donde estuviste. O aquel que sin querer se convirtió en villano a mis 8 años, cuando me toco verlo a papa destrozado después del doping. O cuando lo vi por primera y única vez en una cancha, tres años después. Te vi llorar frente a la 12 mientras besabas los colores y entendí cuanto te habías equivocado, pero que si lo habías hecho era porque vivías intensamente la vida y amabas con toda tu alma aquello que te la dio: la pelota. Y fue cuando comprendí por primera vez que si no vamos a riesgo de equivocarnos, poco es lo que podemos llevarnos. Aquella tarde de despedida, mi llanto fue una muestra de que había caído a tus pies y que ya nada seria igual en mi vida como hincha. Te volví a encontrar en un palco con lagrimas en los ojos mientras veías al equipo de tus amores y me dije que estaba ante algo imposible de evaluar para mi. Un autentico fenómeno que, en buenas y malas, me generaba algo especial. Hoy, con los colores de tu alma y por los que diste la vida, tuviste otra caída de la que no tengo dudas te levantaras.

Me siento abatido pero con la necesidad de volver a intentar aquello que alguna vez nos negaron. Y en 2014 las vuvuzelas tendan forma de tambores y el aliento será de samba, mientras ellos vuelven a luchar, yo me sentiré orgulloso de haberles entregado mi fe. Y podré recordar este momento como fuente de inspiración en una nuevo desafío que me inquieta pero que ya es motivo de mis días. Quizás la balanza deba equilibrarse y aquello que faltó en el capítulo Sudafrica 2010, en Brasil deberá aparecer, aunque la esencia parece haber llegado para quedarse. Los corazones comenzaran a latir fuerte y dejaran de hacerlo cuando se vuelvan a encontrar, y ya no tendremos mas opciones que hacerlo realidad.

Y el destino podrá serme esquivo pero en todos los casos no debo permitirme dejar de confiar en el. Volví a tener esperanzas, ganas de luchar, de encontrar ese camino e intentarlo hasta el final. Vi recuperar el espíritu y la motivación. A pesar del dolor, hoy puedo decir que volví a creer.

Hasta la próxima.

  • Si queres ver la cobertura de canchallena de lo que fue el impresionante regreso de la Selección en Ezeiza, seguí este link.
  • Maximo Tell también escribió en su blog unas palabras cargadas de sentimiento, miralas acá.
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3 comentarios

Archivado bajo Cronicas, Historias, Sudáfrica 2010, Sueños

3 Respuestas a “A pesar del dolor, hoy elijo volver a creer

  1. Gaby socias

    Cuan lindo escribis, no es facil traducir sentimientos a palabras…me hiciste emocionar (mucho)George… Abrazo!

  2. Pamela Rudy

    Amigo es así, lo dije una vez
    SOMOS MASOQUISTAS… NOS ATREVEMOS A SOÑAR. Pero grandes cosas suceden a aquellos con con paciencia, esperan.
    Te adoro! mucho!

    • Así es amiga. Quienes vivimos intensamente debemos sujetarnos a estos riesgos, pero cuando la entrega es con tanta pasión, las cosas no pueden salir mal, al menos desde el lugar de “haberlo intentado”. Nos debemos a esto, y vos lo dijiste: quienes esperamos tenemos recompensa. Gracias por pasar, comentar y por tus consejos para con ese sueño con nombre de viaje, aquel que alguna vez cumpliste (y aún lo estás haciendo). Te quiero, salú Puerto Rico!

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