Hoy recupere algo

Siempre fui de la idea de recuperarlos. Hasta me gustaba pensar en ello como una especie de salvación para mi mismo. Trabajaba duro para hacerlos sentir cómodos, les brindaba todo lo que tenía a mano y mas. Por alguna razón esa recuperación que tanto me desvelaba no llegaba. Pequeñas cuotas de algo que no alcanzaba a llenarme, me frustraban una y otra vez. Pero no me resignaba a recuperarlos. Siempre de la idea de que podía cambiar el mundo, quería cambiar este también. Lo había logrado con el mío quizás. Y quería hacerlo con el de ellos, a pesar que no me lo pedían y casi que ignoraban tal cuestión. Buscaba los momentos, los lugares, los medios necesarios y nada. No estaban a la hora que los había citado. En cambio, ahora tenían otros que haceres. Yo pasaba a estar en segundo o tercer plano. O ni siquiera figurar. ¿Era eso realmente lo que me molestaba? ¿no figurar? ¿O era que de todas maneras quería que fueran felices y me jodia que no me dejaran participar de su felicidad? Ambas cosas son escenarios posibles. Lo cierto es que lo intentaba una y otra vez hasta el cansancio y carajo, no podíamos recuperarnos. Y llego el día en que deje de forzar ese encuentro. Si, deje de intentarlo.

Y nos cambiamos de hogar, de barrio, de ciudad. Paso el tiempo y mas. Una tarde, la charla se hizo presente. Ya todos nos habíamos olvidado de esa boludes de querer cambiar el mundo. Ya no era para nosotros. Sonábamos a tipos maduros, mas preocupados por llegar a fin de mes que por vivir. Uno de ellos nos guió, nos enseñó su caso. Boquiabiertos producto del asombro, no pudimos mas que ponernos contentos por el. ¿En que nos habían convertido? Otro nos planteo sus inquietudes, sus miedos y sus sueños. ¿Como no nos dimos cuenta antes? Nos habíamos pasado la vida creyendo como pelotudos que podíamos cambiar esta historia. La subestimamos, ella podía hacer mucho mas con nosotros. Y así lo había hecho. De un tiempo a esa parte nos habíamos vuelto viejos, odiosos y poco tolerantes. Pero ahora estabamos mas sabios. Teniamos vergüenza de decirlo. No sabíamos elegir las palabras. Nos escuchábamos y volvíamos a ser los pendejos que se llevaban el mundo por delante.
Lo mas loco fue que sin darnos cuenta estábamos volviendo a vivir. Sin pensar en nada mas. Nos escuchabamos, nos reíamos. Compartíamos ese rato. Las agujas del reloj no pasaban mas y sin querer, nos habíamos recuperado.

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Archivado bajo Historias, Poesia, Sueños

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